Fue entonces cuando decidi agarrar mis valijas e irme, yo sabia que el iba a estar bien, que sin mi todo iba a estar mejor. Empese mi viaje por una carretera sin fin, sin nada que perder pero mucho por descubrir. A el le dejaba esos recuerdos que ni el tiempo borraria, le dejaba esos besos en lo profundo de su ser. Yo me llevo de el su risa, su mirada casi perfecta, sus peelas, su forma de ser. En esas valijas guarde un par de vestidos y solo una remera, me parecia inecesaria la ropa para este viaje, y mi camioneta la que me escucha cantar y llorar la que se banca mis arrancones de furia, ella me acompaña en silencio, sin quejas. Me acompaña a estar sola a encontrarme nuevamente con mi ser, ese ser que ya no reconosco ni mirando en un espejo.
Y cuando todo parecía perdido, cuando ya nada quedaba ni aquí ni allá ahí lo ví. Ahí encontré todo lo que necesitaba y nada más. Hallé un libro, un libro tirado en medio del camino. Dudé en tomarlo, pero la curiosidad me mató. No tenía ni prólogo, ni mucho por leer y algunas páginas estaban vacias, les faltaban sus palabras, seguramente las perdieron por la ruta aunque intenté buscarlas y no tuve suerte. Qué podía hacer? quizá pertenecían a alguien o quizá no, puede que me tocó a mi seguir aquella historia...o no,o tal vez el destino así lo quiso. Tampoco dudé demasiado al quedarmelo, seguí mi camino mientras en la radio zonal se escuchaba una voz de una mujer española que sólo me producía tranquilidad.
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